Extracto del libro, la biología de la gentileza de Daniel Lumera:
«Ser niños es una decisión que debemos tomar constantemente, porque nuestros ojos acumulan polvo todo el tiempo. Y tenemos que acordarnos de limpiarlos. No podemos esperar que se mantengan puros si no hacemos nada. El mero paso del tiempo, los ensucia, los nubla. No depende de Que hayamos hecho algo malo. Pero no basta con cerrar una casa para que no se ensucie. Pues, aun así, el polvo se asentará. Que no se nos olvide limpiarnos los ojos, con gentileza, para mirar el mundo con la pureza de un niño.»
Para que es interesante tener presente la mirada del mundo desde la visión limpia e inocente de un niño.
VAMOS A ELLO.
En primer lugar empezaremos por como es nuestra mirada de adulto. La mirada de un adulto que no mire conscientemente es una mirada que va desde el pasado y hacia el futuro. Nuestro cerebro reptiliano está regido por el principio de eficacia y economía energética, y ello para mantener la supervivencia del sujeto y de la especie. ¿Qué implica este principio? el cerebro acumula todas las respuestas a situaciones que en un momento fueron eficaces y nos las lanza propuestas de pensamiento en el presente para que no invirtamos energía en volver a plantearnos soluciones.
Esto hace que funcionemos de forma automática ante los sucesos de cada día sin tener en cuenta lo que de verdad requiere ese momento. NO estamos dando respuesta al momento actual, desde el ser actual sino desde la persona que fui en el pasado y desde el contexto de ese pasado, y lo que me sirvió antes no tiene por qué funcionar hoy e incluso al contrario puede que me esté bloqueando y limitando. ASÍ ES CASI SIEMPRE.
Así, es importante tener en cuenta esta este funcionamiento y cuando nos encontremos con una turbulencia emocional pararnos, observar y cuestionarnos los pensamientos que estamos sosteniendo sobre lo que me está sucediendo. Te recomiendo que para cuestionar tus pensamientos leas el libro de Byron Katie, AMAR LO QUE ES, en el que desarrolle su técnica The Work que es una herramienta muy potente.
La mirada del niño es una mirada presente .Él responde a lo que el presente precisa, no en base a pensamientos del pasado y para el futuro.
Limpia tu mirada de las creencias limitantes y ábrete al NO SE, para que luego sea el corazón el que te lleve hacia un nuevo lugar original y fresco.
